La imagen al pie de esta entrada es un titular de la web «Cadena Ser» que dice: «Un estudio asegura que la COVID-19 es una enfermedad vascular y no respiratoria como se pensaba».

Es un estudio de hace 7 meses pero, si esto es así, ¿no se plantean ustedes alguna que otra pregunta? Desde luego, al leer este tipo de titulares, y leyendo el estudio de referencia que se cita, es para hacérselas.

Mucho antes de este estudio, allá por abril, pero del 2020, si, un año antes de concluir el estudio, justo en pleno confinamiento español, un doctor peruano se lo ocurrió la genial idea de tratar a sus pacientes con anticoagulantes, porque él ya decía que la enfermedad era vascular, y oye, dicho médico resulta que salvaba vidas, mientras en el resto del mundo no había tanto éxito porque a los enfermos les estaban tratando con otras medicinas, bajo el protocolo de la Organización Mundial de la Salud.

En este año 2021, la Sociedad Española de Cardiología difunde la misma noticia (véase aquí), explicando que la proteína S (spike) del Covid tiene un efecto sobre el endotelio vascular y la formación de trombos. Resulta que la vacuna, basada en ARNm, lo que hace es llevar un mensaje a nuestro organismo para que fabrique dicha proteína S. ¿Se explican ustedes ahora por qué resulta que las aclamadas vacunas producen efectos trombóticos?

A pesar de todo lo dicho y descubierto, nuestros mandatarios, sanitarios y todos los «…arios» se empeñan en vacunar a toda la población sin hacer estudios de riesgo sobre ella, provocando a diestro y siniestro efectos secundarios indeseados y que, en muchos casos, ha terminado con la vida del vacunado.

Y hasta aquí puedo leer. ¿De verdad no se van a hacer ninguna pregunta ustedes mismos?

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