En este poema, inspirado en una visita del Autor a la Iglesia de San Nicolas, «La Capilla Sixtina» de Valencia, en las Fallas del año 2022 se refleja la profundización en su alma de un hombre a través de su relación con dos niñas.

Sereno como todas las tardes
con mi mano mi bolsillo hurgué,
cogí todas las monedas posibles,
en la lata de la niña las solté;
cuando se alejó de mí corriendo
ondulaba su pelo ensortijado.

Al empujar la puerta de mi casa
y el entorno familiar descubrir
pensé: “la chica es asombrosa,
aun pidiendo, nunca para de reír";
mas ahora hacer la cena me toca,
sopa, merluza y de vino una copita.

Ya cenando con mi hija Yoli y mi mujer,
mi pequeña gritó dejando las lentejas:
“odio con toda mi alma las matemáticas”,
sonriendo no pude más que responder:
“¡pero hija, si quieres ciencias estudiar!”;
estas charlas me hacen feliz al acostar.

Entre sábanas con mi esposa
le dije al rozar su suave rostro:
“dicen hay un iglesia preciosa,
mañana a la tarde verla quiero”.

Me responde Yolanda con alegría:
“¡qué bien, disfruta de esta visita, 
yo también iré, si dices es bonita”;
un sentido beso, y un hasta mañana.

El día siguiente es muy ventoso,
pero me gusta por la ciudad pasear,
cojo paraguas y gabán presuroso
tras mis tareas cotidianas acabar.

La entrada de la parroquia me gusta
escondida en estrechas callejuelas
preñadas de leyendas musulmanas.
La portada es elegante y modesta.

Como siempre, en tierra sacra al entrar
respiro con profundidad y me santiguo,
abono de la entrada su simbólico precio
y un joven una audioguía me procede a dar.

Izo la cabeza para el templo observar,
quedo de inmediato sin respiración,
"¡por la santa Virgen!, ¡qué decoración!",
no queda un centímetro sin pintar.

No siento ganas de escuchar la guía,
solo me apetece por la iglesia caminar,
recorro pausado los oratorios y el altar,
el presbiterio y un museo tras una capilla.

Tras percibir mi conmoción se aplaca
a su historia decido prestar atención,
templo gótico con decoración barroca,
y una costosa y extensa restauración,
bóvedas, beatos y la jerarquía angélica,
su arte sagrado me crea grata impresión.

Me paro ante el consagrado santo,
no le puedo dejar de admirado mirar,
su gesto ensimismado hacia lo alto,
de argentina riqueza se hace rodear.

Transido me hinco de rodillas,
mi pecho hirviendo de devoción,
siento explotar mi rápido corazón,
sin poder evitarlo uno mis palmas;
empiezo raudo con pasión a rezar,
el viejo rosario no paro de recitar. 

Tocan mi hombro con suavidad,
la iglesia ya la tienen que cerrar,
la tengo que en breve abandonar,
¿en estasis estuve una eternidad?;
devuelvo la audioguía muy aturdido,
el muchacho me observa callado.

Al llegar a casa es coche cerrada,
noto en mi abrigo un fuerte tirón,
me giro y veo una cabeza ensortijada,
no sé como antes no la presté atención;

me suplica unas monedas con la mirada,
inconsciente le doy un pequeño empujón,
en su cara una expresión sorprendida,
se aleja, en sus ojos una penosa emoción.

En la cena Yoli no para de hablar:
“hoy saqué notable en matemáticas”,
yo con gesto irritado la mando callar,
hoy no puedo escuchar sus tonterías;
mi hija su cabeza procede a bajar,
nunca vi tanta tristeza en sus pupilas.

Mi mujer me hace “su gesto peculiar”
confusa por mis extrañas maneras,
el fin de semana nos tocará hablar,
como siempre, ya con las ideas claras.

Cuando en la cama me empiezo a tapar
acaricio suave a Yolanda sus mejillas,
su tacto a la realidad me hace retornar,
me volteo y me coloco a sus espaldas;
mi rostro se frunce con total amargura,
cae en la almohada una lágrima oscura.

Hoy de espiritual riqueza me pude llenar,
mas olvidé la bienaventuranza sagrada, (Mt 5.3)
de espiritualidad, los rezos no son medida,
sino lo es nuestra capacidad de amar; 
¡ayyy!, meditar u orar solo hace su función
si en lo relevante logra poner a mi corazón.

Mientras procedo dos lágrimas a secar
mi expresión se ilumina nuevamente,
la ley celestial podré volver a respetar
si dos niñas reviven su mirada chispeante;
me vuelvo para de nuevo a mi mujer besar, 
¿acaso puede existir algo más importante?. 


Mt 5.3. Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos 


PD DEL AUTOR: 

En este poema estuve dudando entre el título que le puse, "Pelo Ensortijado", el cual desde el primer momento me gustó, o uno alternativo perteneciente al refranero español "A Dios rogando y con el mazo dando", el cual refleja muy bien el espíritu del poema: rezar y meditar está muy bien si con ello nos permite centrarnos, y no separarnos, de lo importante y actuar conforme a la ley que estableció Jesús, "ama al prójimo como a ti mismo".

Ojala siempre fuera así.




Por Eduardo Lacambra

Escribo de temas sanitarios como Diplomado de Acupuntura por la Universidade de Santiago, y en otros temas como Ciudadano de a pie, Ingeniero sin ejercer, y Creyente, y siempre desde el escepticismo y la sanísima duda permanente

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *