Un relato ambientado en el Verano del 2024, donde se empiezan a notar los efectos acumulados de la «Pandemia Covid» y de la Crisis Económica, y en el que el protagonista, pese a no haber mostrado problemas anteriormente, ante la aparición de síntomas de nerviosismo en su conducta, se ve forzado a encontrar diversas «matrioskas» en su interior

¡Vacaciones del verano 2024!, ¡anda que no llevo tiempo soñando con ellas en la oficina. ¡ya toca!… he estado varios meses encapsulado en el despacho y necesito urgentemente mi tiempo de descanso, de reposo, de aprovechar para leer, de escuchar música y hacer deporte, de disfrutar del tiempo y de la familia, ¡de tomar fuerzas en definitiva!… y también de acabar ese maldito cuadro que no deja de mirarme con esperanza.

Estas vacaciones, como todo desde que comenzó la “Pandemia Covid”, allá en el ya lejano 2020, serán extrañas, con medidas sanitarias sin fin que te complican y fastidian incansables el veraneo… y por si no fuera poco, ¡menuda la que se nos ha venido encima con la crisis económica!, restricciones por todos lados, aunque por lo menos durante los meses estivales nos podremos duchar con agua caliente, y hay luz en las calles hasta las tres de la noche. Algo es algo.

Yo la verdad es que no he llevado demasiado mal esta pesadilla, tanto la del Covid como la económica (¡creada a saber bien porqué intereses!, en fin, ahora no me apetece hablar de este tema), me he adaptado sin muchas dificultades a las restricciones y he intentado hacer mi vida normal sin hacer demasiado caso a las noticias y a la situación general. ¡Hay que aguantar lo mejor que se pueda!, y ahora toca pasármelo muy bien con la familia.

… y por fin llega el día, cambio el traje por las bermudas y a disfrutar.

Todo parece transcurrir bien, las jornadas fluyen calmas y las tensiones se van diluyendo suaves con el calor que agradable nos rodea, hasta que se acerca la última semana de vacaciones, y ante arranques repentinos de muy mal humor (¡disculpa Gandalf, cómo te asustaste, ni ladrabas cuando me enfade!) y muchos problemas para dormir, me saltan las alarmas e intento buscar un rato para averiguar que me está pasando.

Tras varios intentos infructuosos (sino es el perro, son los niños o una llamada inoportuna) consigo media hora de tranquilidad, aunque sea al precio de bañarse en el mar en un agua congelada y rodeado de medusas, ¡dichosas carabelas portuguesas!), pero valió la pena y por fin encuentro la respuesta que no puede ser más descorazonadora, aunque no por ello menos esperada:

Hartazgo de tanto museo 3D, de tanta ruidosa atracción de feria, de tanto chiringuito en la playa donde la cerveza se calienta en un pispas, de tanta maleta para arriba y para abajo y que nunca acaba de estar ordenada, de seguir mirando el reloj pese a estar en vacaciones, de las peleas familiares por un mero calamar… aunque parezca increíble hay agotamiento físico; y en el plano mental, ¡uno ya no aguanta más!, ¡estoy a la que salta!… y esto no debiera seguir así de ninguna forma.

Pues si estoy así de alterado, ¿para qué las vacaciones?, nunca antes me había pasado esto y quisiera saber por qué me ha ocurrido… ¿será el cansancio acumulado de este último año?, ¿será lo ocurrido durante estos últimos 4 años con las medidas de todo tipo que hemos soportado estoicamente?, ¿el problema está en mí o en el entorno asfixiante que nos ha tocado vivir?… ¡quiero saberlo!.

¡Pero bueno, no desesperemos!, ¡si todavía me queda una semana de vacaciones!, y durante ellas he sido yo quién se ha hecho cargo de todo, de buscar los billetes, de ocuparme de los niños y del abuelo que ya no escucha bien… quizás pueda “negociar” con la familia unos días por mi cuenta.

Manos a la obra, me pongo a hablarlo con ellos empezando por mi querida Charo, y para mi sorpresa no me pone muchas dificultades. ¡Prueba superada!, seguro que después todo será mucho más fácil.

Efectivamente así ocurre con el resto de la familia… ¡algo habré hecho bien este año, digo yo!, me han dicho que adelante, que son solo unos días y piensan que es bueno que tenga las energías disponibles para el resto del año.

Y ahora la siguiente pregunta, ¿adónde puedo ir?, ¿dónde puedo descansar?, ¿hay algún sitio donde la tranquilidad sea obligada?, ¿dónde uno se pueda recoger y buscarse a sí mismo sin responsabilidades ni presiones?, ¿existe algún lugar tan maravilloso?. ¡Ojalá lo encuentre!..

CONTINUARÁ

Por Edu

2 comentarios en «Un relato de «Hoy»: «2024. La Matrioska de Veraneo. (I). «Crisis»»»

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